El lunes por la noche, vecinos de Boedo protagonizaron un repudio al presidente Milei cuando éste llegó a la Iglesia Evangélica Visión del Futuro para recibir el Premio Gratitud, otorgado por la Coalición Latina por Israel. El acto coincidió con una fuerte presencia de seguridad: veredas delimitadas por vallas y un importante despliegue de fuerzas y recursos para proteger al mandatario.
A la llegada del agasajado, la multitud de manifestantes respondió con cacerolazos y consignas, y Milei descendió de su camioneta para refugiarse rápidamente en el interior del templo. A la salida, tras un breve discurso, aceleró la retirada y, según testigos, se acercó a los presentes para lanzar un beso irónico, que pocos pudieron advertir entre el tumulto.
Entre los asistentes estaba María, vecina de Boedo, quien relató que la tarde transcurría con normalidad hasta que se produjo el rumor de la posible presencia del mandatario en la zona. “Yo salgo a las 7 y media, y esto es a las 7”, recordó haberle dicho una trabajadora de la farmacia. María decidió asistir a la protesta para expresar su descontento con las políticas de ajuste del Gobierno y, al llegar, observó que no era la única en el lugar: había muchas personas con cacerolas, familias completas y, entre la multitud, varias personas mayores con andadores.
El operativo policial fue destacado por la propia vecina: “hubo tantos efectivos como manifestantes”, y señaló que se veían vehículos blindados, bomberos y, en algunos casos, hombres vestidos de civil que parecían formar parte del dispositivo.
Ya pasadas las 19:30, Milei fue a la sede de la Noche de Celebración por Israel. Desde la camioneta, los vecinos le gritaron consignas como “Hijo de puta” y, en tono de burla, reiteraron el cántico que acompaña su saludo político: “Milei compadre”. Este marco generó que el mandatario entrara a la iglesia de forma abrupta y que cada persona presente exija sus propias respuestas.
María explicó su motivación para sumarse al cacerolazo: “fui por un cúmulo de cosas, pero, sobre todo, por la injusticia social. Me indigna que vendan nuestras tierras y que no entreguen los medicamentos oncológicos, porque tuve amigos que perdieron la vida por eso”. Con su testimonio cerró la crónica de una noche en la que Boedo se volcó a la calle para expresar su rechazo.




