Una convocatoria de la intersindical, que agrupó a las ocho centrales, impulsó una jornada de huelga con un objetivo central: defender ingresos, fortalecer los servicios públicos, asegurar el empleo y proteger la industria. Las manifestaciones se extendieron a más de 250 ciudades, con la CGT estimando 1.600.000 personas a nivel nacional y 350.000 en París. Según el ministerio del Interior, la asistencia total en Francia fue de 575.000 personas.
En la marcha parisina, la secretaria general de la CGT, Sophie Binet, remarcó las principales demandas: un aumento salarial equivalente al 10% del salario mínimo y la indexación de todos los salarios, jubilaciones y sueldos de empleados públicos para compensar la inflación. También pidió más recursos para los servicios públicos y se refirió a la situación estudiantil, proponiendo eliminar Parcoursup, la plataforma de selección universitaria que, según ella, frena el acceso a la educación superior.
Este jueves se confirmó que el primer ministro, Sébastien Lecornu, se reunirá el lunes 9 de noviembre en el Palacio de Matignon con representantes sindicales y del sector empresarial en una “conferencia social” destinada a aportar respuestas sobre poder adquisitivo y salarios.
Desde el gobierno también surgieron señales de que podría haber un incremento del salario mínimo. El ministro encargado de las relaciones con el Parlamento, Laurent Panifous, indicó que podría haber una medida al respecto y que el anuncio sería realizado por el ministro de Economía, Roland Lescure, probablemente el viernes.
En cuanto a las fuerzas políticas, Manuel Bompard, coordinador de La Francia Insumisa (LFI), sostuvo que una subida de apenas 0,5% no serviría a la causa y sería rechazada por las organizaciones sindicales. LFI propone en su programa de gobierno un aumento del salario mínimo del 15%. En una entrevista televisiva, argumentó que, lejos de desinflacionar la economía, esa subida podría dinamizar el consumo interno y favorecer a una economía donde el 55% del PIB depende del gasto de los hogares.
El mensaje contundente de la jornada quedó claro en la magnitud de las movilizaciones y la paralización de sectores como metalurgia, química, agroalimentario, vidrio y cerámica, puertos, correo, telecomunicaciones, transporte y la administración pública. Esta protesta coloca a las autoridades ante la tarea de responder a las demandas para evitar que el malestar se profundice.




