En las décadas de 1990 y 2000, el Mr. Olympia dejó de valorar únicamente la simetría clásica para abrir paso a una era dominada por volúmenes musculares cada vez mayores. Atletas como Dorian Yates y Ronnie Coleman empujaron la hipertrofia a un nivel que superaba los 130 kilogramos de peso, llevando el entrenamiento de fuerza a límites que pocos habían imaginado. Sin embargo, ese esfuerzo titánico no fue gratuito: décadas después de retirarse, varios campeones enfrentan cirugías, lesiones y problemas de movilidad, y la relación con sus cuerpos cambió para siempre.

Antes de que el músculo alcanzara esas dimensiones, Lee Haney dejó una marca indeleble. Entre 1984 y 1991, el estadounidense ganó ocho títulos consecutivos de Mr. Olympia, igualando un récord que luego también alcanzaría Coleman. Haney simbolizó la transición entre el culturismo clásico y la nueva generación de físicos descomunales. Su filosofía de entrenamiento se resume en una idea que trascendió: activar el músculo sin buscar destruirlo.

Durante años se lo consideró un ejemplo de longevidad física entre los grandes campeones. En marzo de 2026, a los 66 años, informó que necesita un trasplante de riñón. Declaró que el diagnóstico venía de hace años y que pudo postergarlo gracias a un estilo de vida basado en la fe, la alimentación y el ejercicio. Este anuncio añade una capa nueva a su historia: no hay pruebas claras de que el culturismo extremo garantice una vejez saludable, ni de que la enfermedad renal de Haney haya sido provocada por la competición. Aun así, continúa activo en el mundo del fitness y agradece el apoyo recibido mientras encara la intervención.

“En mi revisión trimestral reciente, me llamaron la atención sobre mis riñones. La dieta alta en proteínas y, claro, si alguien consume esteroides o no, pueden afectar a los riñones”, comentó. A principios de octubre apareció un donante.

En 1992, Dorian Yates inauguró una nueva etapa estética para el Mr. Olympia. Durante seis años consecutivos, hasta 1997, impuso un físico que parecía de otra especie. Su espalda, la densidad y el volumen general fijaron un nuevo estándar, si bien la simetría clásica seguía siendo relevante. Pero el tamaño dejó de ser accesorio para convertirse en el rasgo dominante.

Yates también revolucionó el entrenamiento con el sistema Heavy Duty, caracterizado por un volumen reducido pero con una intensidad extrema, con series llevadas cerca del fallo muscular y cargas que marcaban nuevas fronteras.