El 2 de noviembre de 2026 quedará registrado como una jornada dolorosa para el fútbol español. En el tiempo añadido de un encuentro de la Segunda División entre Tenerife y Andorra, que cerraba con un empate 2-2, una jugada parece haber cambiado la historia. Jesús de Miguel Alameda, atacante del conjunto local, fue en carrera hacia el área contraria cuando salió a interceptar el balón el guardameta visitante, Jesús Owono, procedente de Guinea Ecuatorial. El choque fue impactante: la rodilla de Owono golpeó el pecho del delantero y este cayó desplomado sobre el césped del Heliodoro Rodríguez López. El árbitro expulsó al portero, pero el reglamento ya no tenía cabida ante la gravedad de la situación. 21 jugadores y el cuerpo técnico quedaron helados, solicitando con urgencia la presencia de los médicos.
En el terreno de juego se realizaron maniobras de reanimación y el jugador sufrió un paro cardíaco. Gracias a la intervención de los servicios médicos, su pulso fue restablecido y fue trasladado de urgencia al Hospital Universitario. Los primeros partes médicos indicaron que su estado era “estable dentro de la gravedad”, pero durante la madrugada su situación neurológica se complicó. El martes 3 de noviembre, poco después de las 8:00, el Tenerife comunicó el desenlace: falleció Jesús de Miguel Alameda, de 30 años. La noticia conmocionó a la entidad y a la afición, que reunió fuerzas para rendirle tributo.
Demi, como lo conocían en el mundo del fútbol, medía 1,90 metros y nació en Madrid. Su recorrido deportivo lo llevó a atravesar las categorías inferiores y a defender camisetas como las de Internacional de Madrid y Navalcarnero, hasta encontrar su consagración en Castellón, donde marcó 16 goles en la temporada 2023-24 y permitió su ascenso. Ese rendimiento le abrió las puertas del Tenerife, club que a mediados de 2025 se hizo de su pase y le firmó un contrato hasta 2028.
Fuera de las cifras, dejó una marca humana importante. Testimonios recogidos por AS destacan su calidad humana y su espíritu de lucha. Jeremy De León, excompañero en Castellón, lo definió como “de los mejores amigos que me dio el fútbol”; Raúl Sánchez le dedicó un mensaje de despedida cargado de cariño y memoria. Su antiguo técnico en Unión Adarve, Jorge González “Astu”, recordó a un chico que llegaba a entrenarse cada día con una sonrisa y una actitud de superación constante.
La familia del Tenerife y la afición acompañarán el vacío dejado por un delantero que, pese a los obstáculos, dejó una huella notable en su camino por la Segunda División y en quienes lo trataron como compañero y persona.




