El fútbol uruguayo está de luto por la muerte de Eber Bueno, exdelantero que vistió la camiseta de la Celeste y también la de San Lorenzo. El deceso, ocurrido en Ecuador, donde residía, fue confirmado con lamentos desde la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF). Bueno tenía 67 años. Además de su paso por la selección uruguaya, donde disputó cinco encuentros entre 1980 y 1981, formó parte de la generación que jugó tres Eliminatorias para el Mundial de España 1982.

Nacido el 13 de septiembre de 1959 en Artigas, Bueno desarrolló gran parte de su carrera en Bella Vista, club con el que disputó la Copa Libertadores de 1981. Esas actuaciones le valieron la convocatoria a la selección mayor, en la que dejó huella como delantero.

La noticia también remite a la figura de su hijo, Carlos Bueno, quien saltó a la notoriedad en San Lorenzo en 2012. Bajo la conducción de Ricardo Caruso Lombardi, Carlos convirtió dos goles en el triunfo 3-1 frente a San Martín de San Juan y otros dos en el 2-0 ante Instituto, en Córdoba, en el encuentro de ida de la Promoción. Esos tantos resultaron decisivos para que el Ciclón mantuviera la categoría en Primera División.

Carlos Bueno habló en su momento de la experiencia de reencontrarse con su padre, un encuentro que describió como positivo y significativo, aunque aclaró que el contacto posterior no se mantuvo a lo largo del tiempo. Esa historia familiar, contada por el propio delantero meses antes de la muerte de su padre, aporta un matiz humano a una noticia que ya de por sí transcende varias generaciones del club.

Artigas SAD, club que dirige el propio Carlos Bueno, también emitió un mensaje de pesar: “Lamentamos profundamente el fallecimiento de Eber Bueno, padre de nuestro técnico. Acompañamos a Carlitos, a su familia y amigos en este momento tan doloroso”.

La noticia generó conmoción tanto en el ámbito del fútbol uruguayo como en San Lorenzo, institución que vinculó a dos generaciones de la familia Bueno. La pérdida de Eber Bueno cierra un capítulo importante en la historia de un jugador que dejó su huella en Duke y en la Celeste, y que, a través de su hijo, continúa dejando una marca en el mundo del fútbol argentino.