Un relevamiento realizado por CEOP Latam para Ámbito, con datos obtenidos entre el 19 y el 28 de octubre y sobre una muestra de 2.098 personas en todo el país, analizó la percepción económica desde tres ángulos. Se construyeron tres indicadores: bienestar económico, expectativas y situación laboral. En los tres casos, los valores quedaron por debajo de 50, el umbral que marca equilibrio: 33,7 puntos de bienestar económico, 34,7 de expectativas y 30,3 de situación laboral.
La preocupación central continúa vinculada a ingresos y empleo. Entre los factores mencionados, los bajos salarios aparecen en el primer lugar con 37,1%, seguido de la falta de trabajo, que alcanza 29,5%. Detrás se sitúan la pobreza (17,9%) y la inflación (7,9%). En conjunto, estos cuatro problemas sumaban 92,4 menciones cada 100 casos, y 69,4% de los encuestados señaló al menos una dificultad de carácter económico.
El ajuste económico también se manifiesta en el día a día y golpea a los asalariados, además de poner a prueba las expectativas sobre el gobierno de Milei. En la dinámica de consumo, el informe indica que 74,4% de los hogares recortó gastos; 38% se encontraba en una situación de tensión o crisis, y 33,3% decía estar en una etapa de mejora o estabilidad. El índice de bienestar económico, que contempla la capacidad de llegar a fin de mes, el respaldo ante imprevistos, el consumo, la situación laboral y el endeudamiento, se ubicó en 33,7 puntos.
Roberto Bacman, titular de la consultora, advierte que lo observado excede la coyuntura y describe un malestar que persiste como una condición estructural de la sociedad argentina. “El malestar económico no es una impresión de coyuntura ni el eco de una mala semana; es una condición estructural de la Argentina de hoy”, afirma. Según su lectura, el consumo y el empleo son los dos ámbitos donde el ajuste tiene mayor impacto: “se nota primero en lo que la gente deja de comprar y en su situación de trabajo”.
Al desglosar el comportamiento de los indicadores surge que dos dimensiones presentan mayor deterioro. El componente de consumo marcó 25,6 puntos y la situación laboral 26,6. En contraste, la estructura de deuda llegó a 40,7 puntos y la capacidad de afrontar un imprevisto, 40,5, aunque ambos índices se mantienen por debajo del equilibrio general.
En definitiva, los datos reflejan una persistente vulnerabilidad de los hogares argentinos, con impactos significativos en ingresos, empleo y capacidad de respuesta ante gastos imprevistos.




