El mosaico de inquietudes que atraviesa a las democracias hoy incluye el encarecimiento de la vivienda, sueldos que no alcanzan y la presión de alertas climáticas, sumados al deterioro de la confianza pública. Así lo plantea la politóloga y socióloga española Cristina Monge, autora de Contra el descontento, en un recorte de conversación difundido por Infobae.
Monge advierte que hay múltiples motivos para sentirse insatisfechos y para expresar malestar, aludiendo a un momento en que las dificultades materiales se mezclan con la sensación de que el futuro dejó de ser claro. Su propuesta: canalizar esa energía de disgusto hacia una transformación social tangible, en lugar de quedarse en la queja o la parálisis.
El horizonte social se ha vuelto más difuso para una parte de la población. Además de la crisis climática —con olas de calor, inundaciones e incendios—, surgen dudas sobre los efectos de la revolución digital, la inteligencia artificial y los cambios en el mundo laboral. La incertidumbre, subraya, es una de las palabras clave del tiempo actual.
Ese estado de ánimo no se limita a lo económico o al medio ambiente; también alcanza a la confianza en la democracia y en la capacidad de las sociedades para enfrentar problemáticas comunes. Desconfianza hacia gobiernos, parlamentos, partidos políticos, medios, universidades y tribunales forma parte de la problemática.
Cuando el porvenir aparece como una fuente de riesgo y las instituciones no ofrecen respuestas convincentes, crece el atractivo de promesas que evocan un tiempo pasado. Monge describe ese marco como propicio para narrativas restauradoras que prometen un retroceso a un “futuro distópico” si no se actúa.
La autora cita ejemplos del comportamiento electoral en Estados Unidos, donde votantes que acompañaron a Donald Trump terminaron apoyando al Partido Demócrata ante la sensación de que las políticas previas no mejoraron su vida cotidiana. En sus palabras, esas expectativas se debilitan cuando la realidad no cambia.
Una de las preguntas de fondo es cuánto tiempo puede sostenerse una promesa de cambio cuando la vida diaria no mejora. En ese cuadro, la vivienda ocupa un lugar central. Monge sostiene que este problema no es exclusivo de Argentina y lo vincula con movilizaciones sociales en España y en otros lugares, señalando que la vivienda se convirtió en una variable estructural que atraviesa distintas realidades.
En síntesis, la experta invita a transformar el malestar en una fuerza propositiva, orientada a construir un futuro más despejado y con respuestas concretas para los desafíos que hoy debilitan la confianza en las democracias. Fuente: Infobae.




