Armar una carroza para la Marcha del Orgullo es una tarea colectiva que, año tras año, exige coordinar logística, producción cultural y convicciones políticas. En un contexto económico adverso, con caída del poder adquisitivo, recortes en áreas sociales y dudas sobre permisos por parte del gobierno de la ciudad, la puesta en calle de camiones musicales deja de ser un simple despliegue festivo para convertirse en una trinchera autogestiva. Para las agrupaciones independientes, la participación en la calle se financia con aportes de sus propias comunidades y funciona como un espacio de refugio, visibilización y protesta frente a discursos de odio.

En el terreno de la escena electrónica independiente, Neomarik surgió para construir una identidad sonora y estética dirigida a identidades que quedaban fuera de las carrozas tradicionales. Tras quedar fuera de la movilización el año pasado por limitaciones presupuestarias y desgaste, el colectivo decidió que su presencia en esta edición era innegociable. Para cubrir los costos en un escenario donde la producción demanda el doble de recursos, firmaron una alianza de coproducción con el colectivo 999. El financiamiento se obtuvo de forma autogestionada: fiestas propias, rifas y venta de merchandising, sin recurrir a patrocinios comerciales.

Leandro, conocido como Barrio Niebla, DJ y productor de Neomarik, subraya el sentido autogestivo que impulsa la propuesta a pesar de las limitaciones materiales: la principal traba sigue siendo el dinero, y el proceso implica desgaste, frustraciones tanto colectivas como individuales, y décadas de esfuerzo para sostener un proyecto sin respaldo económico. El colectivo entiende la pista y la música como herramientas políticas de organización; la experiencia de estos meses se activa como respuesta ante políticas de exclusión. Concretamente, el año pasado fue la primera vez que no estuvieron presentes en la Marcha por falta de fondos y cansancio, y este año sostienen que no permitirán que recortes o discursos de odio los excluyan de la calle. Su objetivo es estar con material nuevo y con sus cuerpos en la vía pública como forma de reivindicación y resistencia.

Por otro lado, por cuarto año consecutivo la Asociación Ciclo Positivo participa con un camión-ambiente que combina activismo en salud sexual, celebración comunitaria y una programación artística íntegramente orientada a la comunidad LGBTQ+. Con un eje estético basado en el color violeta, la propuesta abarca influencias de la cultura ballroom, electrónica, cumbia y ritmos urbanos, buscando unir fiesta con un marco de mensaje social y de derechos. La iniciativa funciona como plataforma de cruce entre activismo, cultura y fiesta, alineada con la agenda de la organización para este año.