En un análisis de su liderazgo, La Nación identifica varios pilares que configuran la viabilidad de Milei y las probabilidades de éxito de su gestión: haber situado la inflación como el problema central; una destacada capacidad de comunicación del propio presidente, que luego fue implementada por el equipo detrás del “Mago del Kremlin”, Santiago Caputo; y la debilidad conceptual de la oposición.

Sin embargo, hay un factor atípico, poco visto en la escena política argentina: el respaldo extraordinario del gobierno de Estados Unidos, encabezado por Donald Trump. Este apoyo no solo habría contribuido a evitar un resultado catastrófico en las elecciones del año pasado mediante una intervención financiera del Tesoro, sino que también le abrió la puerta para gestionar garantías financieras que faciliten la renegociación de deuda o la obtención de inversiones, por ejemplo, para el megagasoducto que propone YPF.

La relación con Estados Unidos pasa a convertirse en un anclaje prácticamente indispensable para la salud política de Milei. Según analistas, supera incluso el nivel de respaldo que históricamente fuera cercano entre figuras argentinas y socios históricos, y se distingue de apoyos que recibieron otros gobiernos, como los de China o Lula, por la continuidad y la intensidad del gesto de Washington. En el arco del peronismo, sobre todo entre kirchneristas, surge la sensación de envidia: afirman que nunca habían contado con un respaldo semejante y sostenido por parte de un padrino tan cercano como Trump.

Este martes, la trayectoria comienza a verse a la luz de las elecciones intermedias en Estados Unidos. Todo indica que el panorama apunta a una pérdida de la Cámara de Representantes para el oficialismo de Trump, y un Senado peleado, en medio de un escenario muy dividido. Trump mismo ha pedido relativizar la magnitud de la derrota posibles, sugiriendo que los comicios de mitad de mandato suelen ser adversos para el gobierno en ejercicio.

La campaña, en total, habría movilizado unos US$12.000 millones, de los cuales unos US$2.000 millones fueron aportados por cerca de veinte magnates. El donante más destacado fue Elon Musk, con US$500 millones, concentración que incluyó inversiones en el estado de Texas, núcleo económico donde se esperan impulsos en torno a la inteligencia artificial.

Frente a estos escenarios, la pregunta central es qué podría ocurrir si los resultados no superan ciertas umbrales. Una derrota con gran magnitud podría abrir la opción de un impeachment para Trump, algo que el Partido Demócrata ya maneja como posibilidad desde mucho antes de su primer mandato. Si, en cambio, la caída no es tan contundente, lo más probable es que Trump mantenga el control de su gobierno y de su fuerzas políticas, al menos a corto plazo.