El presidente argentino eligió no emitir declaraciones ante dos revés clave en su marco internacional: el triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, con quien mantiene un fuerte enfrentamiento, y la derrota de los republicanos en las elecciones de medio término en Estados Unidos, que representa un golpe para su vínculo con Donald Trump.
En Brasil, Lula es visto como uno de sus mayores adversarios y el choque entre ambos provocó tensiones diplomáticas, con el retiro de embajadores como señal de la fricción bilateral. La derrota de Flavio Bolsonaro, aliado cercano de Milei, en el balotaje de hace dos semanas, llevó al nuevo Presidente a guardar silencio.
Desde el 25 de octubre, Milei no se pronunció sobre ese tema; en la primera vuelta había expresado su postura cuando Bolsonaro derrotó a Lula. Incluso llevó la discusión a la reunión de Gabinete al día siguiente de ese triunfo, a diferencia de lo que ocurrió después. Fue el único jefe de Estado regional que no reconoció la victoria de Lula.
En lo que respecta a Estados Unidos, Trump continúa siendo una referencia para Milei, quien incluso recibió un salvataje financiero desde ese país en septiembre de 2025, tras la derrota oficialista en las elecciones en la provincia de Buenos Aires.
El resultado de las elecciones de medio término en Estados Unidos fue un golpe para los republicanos y también para libertarios argentinos, que habían celebrado el sostenido apoyo en 2024, cuando numerosos funcionarios adoptaron un tono rojo en señal de alineación con ese frente.
El Gobierno reconoció haber previsto que las chances no eran favorables para los republicanos, pero admitió que no imaginaban la magnitud de la derrota. La reacción se hizo sentir en redes, principal escenario de los libertarios con Milei a la cabeza. Un funcionario comentó que la caída fue peor de lo esperado.
Milei tiene agendada una reunión con Lula el 4 de diciembre, en Montevideo, con ocasión de la cumbre del Mercosur. El mandatario argentino estaba de viaje en España cuando se conoció el resultado que condiciona los próximos dos años de gestión en relación con Estados Unidos.
Estas elecciones cerraron una serie de tres comicios que la Casa Rosada observaba de cerca—Brasil, Israel y Estados Unidos—y que perfilan el mapa regional y global para la administración argentina.




