La contundente victoria de los demócratas en las elecciones de mitad de mandato reconfiguró el mapa político de Estados Unidos, dejando al Partido Republicano en crisis y sin control de las dos cámaras para avanzar hacia una posible sucesión en 2028. En ese cuadro, Trump queda en una posición incómoda: no hay reelección propia y deberá gobernar los próximos dos años sin la mayoría en ninguna de las cámaras, lo que complica cualquier plan de acción acelerada.

¿Qué margen de maniobra podría quedarse en materia internacional? En lo comercial, la nueva mayoría en la Cámara podrá revisar con mayor detalle la política arancelaria, afectando, por ejemplo, la revisión del T-MEC con México y Canadá, un acuerdo que Trump se niega a renovar.

El aspecto más relevante, eso sí, podría darse en Medio Oriente. Según encuestas de boca de urna, alrededor del 75% de los votantes consideró la guerra con Irán como un factor importante de su decisión, y un 62% la consideró un error. En septiembre, un intento por poner fin a la ofensiva militar fracasó en el Senado por apenas dos votos; la nueva mayoría podría revertir esa votación.

Otra consecuencia de la derrota es que podría redefinirse la puja entre las corrientes que disputan la política exterior del trumpismo. Por un lado está el grupo de los “primacistas”, que empuja a Estados Unidos a ejercer liderazgo global y a mantener presencia militar en varios frentes, con figuras como Marco Rubio, Tom Cotton y Mark Levin. El segundo grupo, conocido como restrainers, está en el núcleo duro del MAGA y cuenta con figuras como el vicepresidente JD Vance, Steve Bannon y Tucker Carlson. Este sector propone terminar con guerras lejanas y concentrar recursos en la competencia con China. En el último año, la guerra con Irán se convirtió en el eje de la discordia para los restrainers, que sostienen que contradice la promesa de “America First”.

En esa puja, el resultado electoral parece dar más aire a los restrainers. Al día siguiente de la votación, Vance escribió en X que la derrota tenía una causa clara y citó una encuesta que ubicaba el fin de la guerra como condición para recuperar a los votantes perdidos. Rubio, quien llegó a describir la guerra como un “favor” a EE.UU. y al mundo, quedó bajo presión, incluso en Florida, donde la banca que ocupa en el Senado se mantuvo por menos de tres puntos en un estado que Trump había ganado por unos 13 puntos en 2024.

Ahora bien, que un giro en Medio Oriente se vea como posible no implica que vaya a ocurrir lo mismo en América Latina. Existen al menos cuatro motivos que trascienden el resultado y permiten pensar que la región podría mantener su rumbo actual. Por ello, para Latinoamérica la elección no implica un cambio radical en la trayectoria de la política exterior de Estados Unidos.