Entre los hallazgos más relevantes de las elecciones de medio término en Estados Unidos figura que quienes manejan plataformas y algoritmos no lograron volcar el voto a favor de sus proyectos. En líneas generales, empresarios tecnológicos apoyaron mayoritariamente a candidatos republicanos con la idea de sostener una política de IA que evite regulaciones y acelere la competencia con China.

El más señalado perdedor fue Elon Musk. Aportó casi 500 millones de dólares a campañas y utilizó su red social para influir en la contienda. Acusó a James Talarico de difundir afirmaciones falsas, y la consecuencia fue un revés para la estrategia republicana: los demócratas lograron una banca en el Senado por Texas tras 38 años. En ese estado, Musk opera a través de varias empresas: Tesla, SpaceX, X, Neuralink y The Boring Company.

Por primera vez, la IA emergió como tema de debate en el proceso electoral, especialmente en algunos estados. La discusión se centró en la infraestructura que demanda esta tecnología, cada vez más exigente en consumo de energía. Según Redbud Consulting, 44 de 45 referéndums locales asociados a las elecciones de medio término rechazaron la instalación de centros de datos.

El fenómeno presenta dos rasgos relevantes: 1) trasciende la polarización partidaria, con un rechazo que osciló entre el 70% y el 80%; 2) es una movilización de base, impulsada desde abajo y con efectos hacia arriba.

Musk dejó una ironía al señalar que los centros de datos en el espacio lucen atractivos, comentario que provocó respuestas como la de Santiago Caputo, quien aportó “O en Argentina”. El posible retraso o la interrupción de estos proyectos podría derivar en afectaciones temporales, estimadas por Goldman Sachs en aproximadamente el 45% de la expansión prevista de data centers en Estados Unidos.

El economista Benjamin Bratton, filósofo y autor de The Stack, reforzó la idea de que el movimiento contra los centros de datos se asemeja a antiguas protestas antinucleares y advirtió sobre posibles consecuencias contraproducentes de una movilización tan intensa.

En el ámbito local, Javier Milei propone una liberalización total de la IA en Argentina, con un andamiaje legal que propone cuestiones inéditas como sociedades automatizadas, es decir, sistemas operados sin intervención humana, y mantiene la posición de no imponer controles para su avance. No obstante, la discusión en Argentina está condicionada por el hecho de que el país no genera modelos de IA de gran escala, por lo que su influencia real frente a la disputa tecnológica global —que hoy se libra principalmente entre Estados Unidos y China— resulta limitada.